Quizás parezca algo de Perogrullo pero no por eso es menos cierto que uno de los mejores lugares de donde poder sacar historias que luego habrán de ser mal llevadas al papel es en las tabernas y bares de clientela mas o menos fija. Sin duda alguna la veracidad de estas es algo muy cuestionable, pero que se puede esperar de un sitio donde la gente va a beber y a hacer todo lo posible para que las horas que quedan hasta comenzar un nuevo día pasen lo mas rápido posible. Basta con sentarse en la barra que es donde habitualmente se sientan los asiduos al local y dejar pasar el tiempo hasta que el alcohol comienza a nublar la prudencia y a soltar las lenguas. Esta historia que tratare de contar ahora la pude escuchar en un bar donde algunos universitarios tomaban las ultimas cervezas del día, quizás al tratarse de una clientela mas joven en lugar de un bar fuese un pub, pero bueno eso no es mas que una cuestión de apreciación. Como decía estaban varios aspirantes a medico que por lo que escuché en esa época estarían realizando las practicas en algún hospital de la ciudad. Andaban los unos y los otros contando las típicas batallitas ocurridas hasta aquel día. Uno de ellos se enderezó un poco su postura y haciendo ademán a los demás para que le prestasen atención comenzó a hablar.
– Veréis esto me sucedió hace tres días, yo ahora estoy haciendo las practicas en urgencias, me dirigí con mi adjunto a ver a un paciente que acababa de entrar, miramos la ficha y solo ponía que había sufrido quemaduras en la nariz, por lo que imaginamos que se trataría de algún accidente domestico o de trabajo. Cuando llegamos hasta el paciente nos encontramos con un hombre de unos cuarenta y cinco años con un montón de gasas que apretaba contra su nariz y la cara bastante manchada de sangre que sin duda provenía de la herida, a su lado había una mujer mas joven increíblemente guapa, de unos veintitrés años mas o menos que trataba de consolarlo ante las evidentes muestras de dolor de el hombre. Mi adjunto se acerco retiro las gasas y dejó al descubierto una nariz muy inflamada con quemaduras en los bordes de ambos orificios nasales que aparentemente continuaban hacia dentro. Realmente era una imagen bastante truculenta, mi adjunto pregunto al paciente que como se había hecho eso, no recibió respuesta, tan solo un gesto de negación por parte de este. La chica comenzó a hablar, explicó que cuando había llegado a casa se lo encontró tirado sin sentido en el suelo de la cocina y que lo único que pudo hacer fue meterlo en el coche a duras penas y traerlo hasta el hospital y que aunque por el camino había recuperado la consciencia, no había conseguido que le explicase nada. A todo esto el medico ya había dado orden para que se le suministrase al paciente anestesia para poder proceder a la exploración y a la cura sin que este sufriera mas de lo necesario. Tras no conseguir mi adjunto mucha mas información de la chica le indicó que debía salir de la consulta y quedarse en la sala de espera donde se le avisaría mas adelante. Una vez que ella había salido, el doctor se dispuso a limpiar la herida para poder apreciar mejor los daños que se habían producido cuando de repente el paciente lo agarro del brazo y le pregunto con gesto dramático si se le quedaría la nariz desfigurada, el medico le respondió que bueno, que aparentemente por fuera no se notaría mucho ya que por lo que había podido observar el daño realmente importante se había producido en el interior de las fosas nasales que es donde estaban las quemaduras mas graves. No me importa lo de dentro- dijo el paciente- es mas me alegrare si no vuelvo a oler nada mas en mi vida.
- Pero hombre ¿Cómo puede usted decir eso? Estamos hablando de uno de los cinco sentidos ¿es usted conciente de lo que perderá si pierde el olfato?
- Doctor, no tiene usted ni idea de lo que gano, las heridas me las he causado yo intencionadamente.
Mi adjunto y yo nos miramos con cara de alucinar como nunca lo habíamos hecho en nuestras vidas.
- ¿Es usted consciente de lo que me esta diciendo? ¿Usted se ha autolesionado? Creo que antes de darle el alta tendrá usted que hablar con el psiquiatra.
- No, espere, déjeme explicarle. ¿Ha visto usted doctor a la mujer que había aquí conmigo? Ella es mi pareja, es la mujer mas guapa que yo haya podido conocer nunca y su juventud no hace mas que multiplicar los efectos de su belleza. Míreme a mi, tengo cuarenta y cinco años, no soy nada del otro mundo, tengo tripa, mi cabeza empieza ya a clarear y mi cara no puede considerarse ni tan siquiera atractiva. Pero por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender esa criatura tan hermosa se ha enamorado de mí, ¡quiere vivir conmigo! Y esa no es una oportunidad que a mi edad y con mi físico se pueda dejar escapar ¿no cree usted doctor? Sin embargo sabrá usted tan bien como yo que la perfección no existe y esa mujer que a simple vista parece a salvo de cualquier imperfección de las que la naturaleza pueda repartir entre los hombres y mujeres esconde un problema que un principio puede parecer banal pero que con el tiempo se llega a convertir en un inmenso obstáculo para amar sin condiciones a esa mujer.
El paciente paró un momento para recuperar fuerzas, al adjunto y a mi nos falto tiempo para preguntarle sobre ese defecto que hacia imposible la convivencia con la mujer a la que de esa forma amaba.
- Pues se trata de un problema de olores- mi adjunto y yo nos volvimos a mirar esta vez multiplicando por mil el asombro en nuestras caras- de olor genital podríamos decir.
-¿de olor genital?- pregunte yo cuando mi incredulidad rozaba ya los límites de la carcajada.
- Si, de olor genital. Verán las primeras veces que tuvimos relaciones lo note, créanme sería imposible no notarlo, pero bueno entre la emoción del sexo y la emoción de tener entre mis brazos a una mujer así, eso paso a ser poco mas que un detalle adyacente a nuestras relaciones. Sin embargo conforme pasaba el tiempo y mi mente comenzó a asimilar su belleza el problema del olor fue aumentando su protagonismo en nuestra relación hasta tal punto que incluso llegaba a coartarme cuando estábamos juntos en la cama y ella comenzaba a insinuarse buscando en mi la correspondencia esperada. Si les digo que hacer el amor con ella es como hacer el amor con una pescadería que no hubieran limpiado en los tres últimos años, no exagero ni lo mas mínimo y eso es lo peor que cuando se excita el olor es mas fuerte. Ella es consciente de su problema y se dio cuenta de mi retraimiento que era mas que evidente, así que me contó que se trataba de un problema fisiológico, que había ido a toda clase de médicos y ningún tratamiento había conseguido acabar con el dichoso olor, ni tan siquiera atenuarlo. Me dijo que sabía que me sería difícil seguir a su lado y que lo entendería si quería terminar con la relación. Comprenderán ustedes que nada mas lejos de mi animo que dejar la relación con ella, ni tan siquiera pretendía incomodarla o hacer que se sintiese mal y le respondí que bueno, que por supuesto que lo había notado pero que no era para tanto y que lo que yo sentía por ella nunca podría resentirse por una tontería como esa. Ella pareció quedar satisfecha con mi respuesta, pero yo había mentido, mentí porque la quiero de la manera que solo se puede querer a la persona que te hace encontrarle algún sentido a la vida y por nada en el mundo querría perderla, así que aquella misma tarde pensé en esta solución y cuando conseguí reunir las fuerzas lo hice. Cogí un trozo de alambre, lo puse al rojo y me lo introduje por uno de los agujeros de la nariz. Lo realmente difícil fue hacer lo mismo en el otro, el dolor apenas me permitía mantenerme consciente, pero al final lo hice y lo siguiente que recuerdo es estar en el coche con ella de camino hacia el hospital. Tan solo quiero que me crean, no estoy loco o tal vez si, ya no lo se. Tal vez esto del amor no sea mas que un estado de locura transitoria que devasta nuestra razón hasta límites insospechados, pero eso les corresponde a ustedes, los médicos, decirlo. A mi tan solo me queda pedirles que no le cuenten nada de esto a ella. Díganle por favor que ha sido un accidente mientras arreglaba la tubería del fregadero, no quiero que ella cargue con esto sobre su conciencia. He sido yo el que ha elegido hacerlo porque considero que vivir mi vida a su lado merece la pena cualquier sacrificio por cruel que pueda llegar a parecerles a los que miran desde fuera.
El doctor y yo nos quedamos en silencio, habíamos pasado de aguantarnos las carcajadas a no saber que pensar. Mi adjunto en silencio prosiguió con la cura. Cuando terminó salimos de la consulta. Le pregunte que pensaba hacer y me dijo que nada, le diría a ella que se trató de un accidente y así lo hizo.
Nadie hablo cuando el aspirante a médico termino su historia. Supongo que a los demás como a mi, se les quedo en el estomago una mezcla de sensaciones que iban desde la desazón hasta la comprensión por lo que ese hombre había hecho. Realmente hay pocos actos de amor tan rotundos como sacrificar la propia integridad física por la persona que amas. Tampoco lograba quitarme de la cabeza la idea de que el amor es una enfermedad, un estado de locura transitoria. Esa afirmación sonaba tanto a verdad que ni siquiera me preocupe en rebatirla. Acabe mi cerveza e invite a una ronda al resto de los contertulios, sin duda la historia que había escuchado bien merecía una ronda de cervezas. Salí del local pensando en aquel tipo y lo que estaría haciendo en ese momento, sin duda dormiría abrazado a ella y se sentiría feliz porque ya nada molestaba su amor. A mi me esperaba otra noche a solas, aunque quizás fuese la noche en que volviese a escribir.